Comentario de libros - Novísimo Diccionario Lunfardo

 

Por el Académico de Número don Oscar Conde

Todavía hay quienes se preguntan si es lícito o no usar hoy en día la palabra "lunfardo" para darle nombre al repertorio léxico popular surgido en Buenos Aires a fines del siglo XIX y utilizado hoy, muy ampliado, en todo el país y en todas las franjas etarias. Hay quienes intentan objetar por qué seguimos usando esta palabra para caracterizar a términos tales como aguante, bardear, curtir, joya o psicopatear, surgidos en el habla popular durante los últimos años. Es en parte por comodidad, pero básicamente es porque no tenemos otra palabra mejor. De hecho, los diccionarios del argot francés y del slang norteamericano hace más de un siglo que salieron del error de considerar a estas expresiones (el argot y el slang) meros vocabularios de la delincuencia. Son ya, hecha y derechamente, repertorios del habla popular. Y en Francia y los Estados Unidos de Norteamérica no hay quien lo discuta. Por qué se lo discute en la Argentina en especial desde los círculos lingüísticos oficiales es una cuestión que excede largamente las posibilidades de esta reseña. A mí se me hace evidente que la Academia Porteña del Lunfardo se llama así porque se ha propuesto el estudio del lenguaje utilizado por el pueblo, y no el estudio de la jerga del bajo fondo ni el de un corpus cerrado en 1920.

El lunfardo está muy lejos de ser un vocabulario cerrado e histórico. Una prueba fehaciente de su vitalidad está en el Novísimo diccionario lunfardo, que a pesar de haber ido cambiando de título a lo largo de los años, es ya un clásico de la cultura popular porteña: el diccionario de Gobello, el hombre que ha sabido hacer decir a Borges que el lunfardo había sido un invento suyo. Queriendo o sin querer, el viejo Borges ha dicho una porción de verdad: porque si bien Gobello no inventó el lunfardo sí "inventó", en cambio, el estudio del lunfardo, cuando en 1953 publicó Lunfardía.

Pero José Gobello no es solamente la mayor autoridad mundial en materia de lunfardo, sino que a estas alturas es también el más importante lexicógrafo argentino contemporáneo, fuera del ámbito de la lunfardología también. Los seis diccionarios que hasta ahora había escrito han sido versiones, cada vez más certeras, de un mismo y único libro, cuya última versión acaba de darse a conocer. Aquellos fueron el Breve diccionario lunfardo (1959, en colaboración con Luciano Payet), el Diccionario Lunfardo (1975), el Diccionario de Voces Extranjeras Usadas en la Argentina (1988), el Nuevo Diccionario Lunfardo (1990), el Vocabulario Ideológico del Lunfardo (1998, en colaboración con Irene Amuchástegui) y el Diccionario de la Crisis (2002, en colaboración con Marcelo Oliveri). Todavía se hizo tiempo Gobello en 2003 para concluir y publicar su Diccionario Gauchesco, que sería el séptimo.

En esta ocasión, para la confección de su octavo y valiosísimo lexicon, Gobello ha convocado a compartir la autoría del Novísimo Diccionario Lunfardo título que utilizó humorísticamente José Antonio Saldías hace más de 90 años a Marcelo Oliveri, junto a quien ya firmó algunos folletos y los libros Tangueces y Lunfardismos del Rock Argentino (2001), Tangueces y Lunfardismos de la Cumbia Villera (2003) y Curso Básico de Lunfardo, de próxima aparición. Oliveri es un profundo conocedor del cine y de la música popular argentina y se ha especializado en el estudio de los términos más recientes del lunfardo, como lo revela su exitoso libro El Lunfardo del Tercer Milenio, publicado en 2002. En este punto es donde reside su aporte a esta obra: en la inclusión dentro del Novísimo de los muchos lunfardismos surgidos durante los últimos quince años, todos ellos atestiguados en versos de canciones u otros usos literarios o periodísticos.

Con relación al Nuevo Diccionario Lunfardo, el Novísimo constituye un avance mayúsculo: se ha ampliado en 80 páginas con la inclusión de más de 1.000 términos no contenidos en aquella versión. Así se incluyen tanto términos y locuciones con varias décadas de uso no consignados en el diccionario publicado en 1990 (idische mame, mostacholes) como otras la mayoría aparecidas en los últimos años (al toque, cartoneo, a full, bombacha floja, cantina, chiquitaje, ponja). Personalmente no comparto la inclusión de acrónimos (como AFIP o AFJP) y de voces o expresiones de uso internacional (como air bag, link, art nouveau o marchand).

Cualquier amante de lo popular, cuyo corazón esté latiendo al ritmo de Buenos Aires necesita tener esta ultimísima versión del eterno diccionario de Gobello. Y es que además de todos los usos nobles que tiene un diccionario, no son pocas las personas que disfrutan leyéndolo de pé a pá, como si fuese una novela. Pues la lectura de esta novela es capaz de llevarnos a recorrer nuestra ciudad desde el Doque a la Recoleta, desde la Avenida Santa Fe a la más recóndita calle de Pompeya. En sus páginas desfilan hermanados Fito Páez y Carriego, Vacarezza y Cortázar, Cadícamo y Los Pibes Chorros. Y también en este libro está nuestro pasado, nuestra infancia agazapada en palabras que olvidamos y nos gustaría mucho volver a recordar. En definitiva, en cada una de todas las palabras que se definen en este Novísimo Diccionario Lunfardo estamos nosotros. Porque nosotros somos esas palabras. Y se puede renunciar a muchas cosas en la vida, pero si queremos seguir siendo quienes somos, si queremos seguir reconociéndonos como argentinos, hay palabras a las que no podemos renunciar.