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Por el Académico
de Número don Marcelo Héctor Oliveri
Cuando
iba al colegio secundario había una materia
que se llamaba mecanografía. Recuerdo que
la profesora era tan exigente que nos gritaba
si no sabíamos de memoria el teclado de
la máquina de escribir. Recuerdo que yo
estaba en tercer año y odiaba esa materia,
sobre todo las máquinas pesadas y viejas,
llamadas Remington u Olivetti. También
tenía taquigrafía y tampoco me gustaba.
Recuerdo que en el dictado siempre se me rompía
la mina del lápiz. Mis padres me decían:
Si vas a ser periodista es importantísimo
que sepas escribir a máquina y tomes apuntes
en taquigrafía. Cuando fui a la escuela
de periodismo tuve esas materias y era más
feliz. Cuando empecé a trabajar de periodista,
hace 20 años, las notas las escribía
con la máquina Remington o las grababa
en un grabador grandote. Esto que cuento no se
diferencia de lo que vivieron César Tiempo,
Gobello y tantos otros periodistas que trabajaron
alguna vez en una redacción. Esto que evoco
con nostalgia me hace pensar que ya hay más
gente joven que yo y que ha nacido con la computación.
Era inimaginable pensar que con solo apretar una
tecla en Internet iba a recibir la información
que me sacaría de apuro en cualquier materia
del secundario o facultad.
Por eso cada día que
pasa muchos todavía piensan que el lunfardo
ya fue. Día tras día personas que
se acercan a la Academia preguntan: Pero el lunfardo
es cosa del pasado ¿no? Seguramente no
han reparado que en este 2004 que está
dando sus últimas boqueadas el lunfardo
está más vigente que nunca.
Tomemos nota: a principios de
año la editorial Corregidor editó
el Novísimo Diccionario Lunfardo
de José Gobello y quien firma esta nota.
No me voy a detener a hablar de dicho volumen
puesto que desde estas páginas ya han hablado
mucho.
A mitad de año, detecté
en librerías de la calle Corrientes diccionarios
de lunfardo truchos, de dudosa autoría
que se regalan a 8 pesos. Algo poco serio y que
confunde más a quien se quiera iniciar
en el mundo de la lunfardía. Es aquí
donde me voy a detener. El desprevenido al llevarlo
está comprando una pésima copia
del Novísimo Diccionario y de El
lunfardo del Tercer Milenio. Por supuesto
que nadie es dueño del tema y es bonísimo
que vayan surgiendo otros libros, pero molesta
que no citen la bibliografía consultada.
No en vano José Gobello se pasó
años fichando, viajando y estudiando los
orígenes y la etimologías de las
palabras.
En mi caso particular desde
hace más de 25 años escucho música
nacional y vengo detectando los lunfardismos de
sus letras. Si tomamos el Novísimo Diccionario
Lunfardo se podrá apreciar que siempre
se citan libros, poesías y letras de canciones.
Otro tema también es
Internet. Estoy cansado de leer barbaridades que
se dicen en nombre del lunfardo. Incluso me molesta
que haya diccionarios lunfardos scaneados descaradamente
que no citan a los autores. Lamentablemente muchos
extranjeros compran todo esto sin saber que son
diccionarios copiados de los originales.
Para colmo de males, los estudiantes
levantan información y la transmiten ignorando
cuál es la verdad. Alguien me dijo que
Internet es un mal necesario. Ya lo sé.
No estoy en contra. Al contrario desde hace un
par de meses yo también soy víctima
de interminables navegaciones que llevo a cabo
por las trasnoches y me quitan el sueño.
Pero no todos navegan con cautela. Yo veo que
los jóvenes, sobre todo los estudiantes,
bajan y copian lo primero que leen.
Para usar Internet hay que saber.
Hay mucho chanta que tiene su página y
se cree el dueño de la verdad. Por culpa
de Internet los jóvenes no saben lo que
es una biblioteca. Por culpa de Internet no saben
fichar y no saben razonar.
No es posible que muchas veces
vengan a la biblioteca de la Academia confundidos
porque en Internet leyeron que el lunfardo es
una lengua muerta o que se habla solamente entre
gente marginal o del bajo fondo.
Los mismos alumnos, después de haber leído
varios libros o de investigar, terminan diciéndonos
en internet al final estaba mal.
No es que estaba mal, es que
habían buscado mal. Muchas veces la mentira
es la verdad y la verdad es la mentira.
No es que con esto estoy planteando
que Internet no sirve. Creo que sirve mucho, sobre
todo para darnos cuenta de cuántas maneras
se enfocan los temas.
Yo sin embargo me quedo con
el ejercicio cansador pero placentero del fichaje,
la biblioteca y el libro amarillento y descuajaringado.
Eso de leer un libro por Internet o dejar de comprar
el diario porque lo puedo leer por la pantalla
no creo que me convenza. ¿Acaso no hay
nada más lindo que sentarse en una biblioteca,
hojear los libros y revolver en las librerías
la cultura de otros tiempos?
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