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por el Académico
de Número don Luis Ricardo Furlan
En la
crónica de la música popular argentina,
el tango y la milonga aprendieron a bailar en
el mismo salón aunque sus orígenes
hayan sido diferentes. El tango ha tenido harta
prioridad entre los estudiosos; la milonga, en
cambio, atrajo menos a los investigadores. A partir
de esta Historia de la milonga, sin duda, Roberto
Selles es su más erudito mentor.
Como el mismo Selles advierte,
"la circunstancia de poseer conocimientos
musicales ha sido imprescindible para la cristalización
de esta investigación". No se trata
de un dato menor, porque Selles no sólo
hurga documentadamente en los orígenes
y el desarrollo de esta singular melodía,
sino que, con validez, compara las modificaciones
rítmicas a través de referencias
tanto orales como registradas en antiguas partituras.
Los antecedentes de la milonga,
para el indagador, provienen de España
y se emparientan con danzas regionales que llegan
a América y se constituyen en caldo de
cultivo de otras expresiones que son propias de
la zona amerindia. El "viejo" y el "nuevo"
mundo consiguen, a través de esas melodías
de pueblo, una mayor integración social.
No se queda allí el autor
de este interesante ensayo: acerca las genealogías
erróneas, el género bailable, la
inserción en el tango y, entre más
cuestiones apasionantes, sus aspectos orquestales
y la intramusicalidad con el candombe. Cerca del
medio siglo pasado prestigiosos letristas y compositores
le otorgan ese color que se le reconoce en el
área rioplatense. De esos artífices,
cabe mencionar al recordado Sebastián Piana,
quien fue presidente de la Academia Porteña
del Lunfardo (1985-1994).
Selles -investigador, poeta,
compositor, dibujante, periodista y numerario
de la Academia citada-, profundiza en una temática
que, insistimos, casi no tiene predecesores. Con
estilo llano y preciso, sin escamotear las fuentes
(aún las más modestas), realiza
un interesante y vital relevamiento que, hasta
ahora, era casi insospechado.
El libro se enriquece con textos
letrísticos y musicales que permiten corroborar
el acierto de los hallazgos y otorga a la milonga
un sitio de privilegio que, tal vez, le faltaba
conquistar. Fotografías y dibujos alusivos,
ilustran la obra.
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