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Por el Presidente, don
José Gobello
El balance
de 2004 tiene mucho de satisfactorio. Tal vez
el más importante de nuestros logros haya
sido el de continuar con la publicación
de nuestro boletín que sigue permitiéndonos
llegar con puntualidad a los miembros de la comunicad
académica. Sus páginas registran
el resumen de nuestra actividad, tanto en lo que
concierne a la labor estrictamente académica
como a la extensión cultural. La investigación
lexicológica ha ocupado tiempo a muchos
señores académicos de número,
puntuales ante los requerimientos formulados en
los respectivos órdenes del día.
El movimiento de biblioteca fue creciente tanto
en la incorporación de nuevos títulos
al repositorio como en lo que concierne a nivel
de lectores. Pero quizá lo que más
nos ha satisfecho fueron las conclusiones del
Tercer Congreso de la Lengua Española congregado
en Rosario. Es verdad que por cosas de la burocracia
o de lo que fuere, los estudiosos del lunfardo
han sido excluidos de esa asamblea. Se han desconocido
nuestros trabajos, nuestras publicaciones e inclusive
el prestigio de una institución que durante
algunos períodos fue presidida por un ilustre
lingüista, miembro de la Real Academia Española,
don Marcos Augusto Morínigo, quien ha dejado,
entre otras sabias reflexiones acerca del lunfardo,
las expresadas en Lexicografía y dialectología.
Pero lo cierto es que los distinguidos congresistas
-algunas de cuyas autoridades no omitieron el
mal gusto de las referencias políticas-
reconocieron, en sus laboriosos e ilustrados debates,
que las variedades regionales o locales del castellano
no apeligran la unidad de la lengua, sino que
la enriquecen. Habrá que esperar la publicación
de las actas respectivas para informarse acerca
de lo que se dijo o dejó de decirse sobre
la variedad porteña del castellano coloquial
a la que damos el nombre de lunfardo. Luego será
el momento de opinar, pero en tanto no podemos
sino dejar de señalar y lamentar las actitudes
discriminatorias de quienes se creen no ya custodios
de la lengua sino, al parecer, monopolizadores
del saber lingüístico.
Cerramos el año con la
primera exposición del libro lunfardo que
incluye una charla blanqueadora de la etimología
lunfarda que me ha sido confiada. Siempre hay
campo para la indagación. La Academia Porteña
del Lunfardo no dejará de buscarlos y labrarlos
aun cuando fuera en soledad.
Esperamos que en el 2005 se
acreciente la comunidad académica y que
lo que se sueña y lo que se hace tenga
la recompensa de la ventura de todos.
¡Felices Fiestas!
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