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Por el Académico
de Número, don Norberto Pagano
El día 23 de junio falleció el pintor
Aldo Severi, artista a quien la academia entregó,
el 27 de agosto de 1997, el diploma A la Gloria
del Tango, en ocasión de una recordada
exposición de sus obras, ofrecida en nuestra
galería Joaquín Gómez Bas.
Una de sus pinturas jerarquiza nuestra pinacoteca.
Severi había nacido en
1928 en el barrio de La Boca, aunque luego se
aquerenciase en la ciudad de Quilmes, y desde
entonces quedará en nuestra memoria colectiva
como el pintor quilmeño por antonomasia.
Obtuvo su formación en nuestras escuelas
nacionales de Bellas Artes y ejerció la
docencia artística ininterrumpidamente
durante 40 años desde 1950 a 1990. Esta
carrera docente culminó encontrando a nuestro
pintor en ejercicio de la vice-dirección
de la Escuela Municipal de Bellas Artes "Carlos
Morel".
Durante los años 1973
y 1974 fue director de cultura y de 1980 a 1990,
director del Museo de Artes Visuales de la misma
ciudad de Quilmes.
Fue premiado en muchas oportunidades
y alcanzó recompensas muy relevantes. Participó,
representando al país, en bienales internacionales,
como la de Puerto Rico en 1974 y la de San Pablo
en 1983. Su ciudad adoptiva lo distinguió
como vecino ilustre.
Severi fue un pintor de lo popular.
Si así como dice Marechal el poeta es la
exacta voz de su pueblo, bien podemos decir que
el pintor también puede aproximarse a ese
concepto. Al menos así parece cuando contemplamos
la obra de Aldo Severi. Ese hondo espíritu
popular nos lo revelan su temática y el
título de sus obras: El canastero, Billarista,
Tranvía entrando en la última recta,
La maquinita y los niños, Homenaje al fútbol
argentino y Boca y River, La murga, La Boca, La
Boca y su procesión, Nocturno a Quilmes.
Pero su temática de preferencia y a la
que se volcó decididamente fue el tango.
Así surgieron obras como Julio De Caro,
Bailarines de tango, Cantor de tangos, Tango en
el cabaret, Gardel, tríptico fileteado
por Martiniano Arce. El académico fundador
León Benarós ha dicho que "a
lo largo de los años el tango ha tenido
y tiene muchos ilustradores, pero un solo pintor
viviente y excelso: Aldo Severi".
Conocí personalmente
a Severi en febrero de 1979, siendo ambos jurados
en el carnaval correntino. Compartimos el pan
y el vino durante 17 días consecutivos,
lo que nos dio la oportunidad de tratarnos familiarmente
y tener un fluido intercambio de ideas. Es decir,
de comprendernos aún en las disidencias.
Aldo era un hombre absolutamente dedicado a su
ser profundo. Su palabra ora tierna, ora ríspida,
se traducía en reacciones inesperadas.
Sus convicciones eran terminantes e irrevocables.
Nos deja una obra personalísima
que sólo haciendo un esfuerzo, por otra
parte innecesario, podría vincularse a
alguna corriente pictórica o ismo. Yo no
quiero hacer ese esfuerzo, prefiero disfrutar
su obra con un descomunal banquete de vibrantes
colores y de encendida imaginación. Por
detrás de las imágenes podré
ver aún los ojos claros de Aldo mirándome
con la franqueza y dignidad que manifestaba en
nuestras conversaciones correntinas.
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