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Por el Académico
de Número don Luis Ricardo Furlan
Reflexionar
alrededor de la tanguedad, al parecer, tiene efecto
terapéutico de acción prolongada.
Con alguna demora de prurito banal, el tango,
finalmente, inserta letra, música y coreografía
en el claustro universitario. El encuentro con
investigadores más rigurosos, que apelan
a normas bibliográficas y analíticas
puras, es una contribución bienvenida.
Las "Cuatro reflexiones"
que se anuncian son otros tantos matices articulados
sobre la realidad de un segmento del folklore
argentino que subraya, en este caso, el carácter
representativo rioplatense. Es como señala
Eugenia Flores de Morinillo en el prólogo,
musicalmente hablando, el feliz armisticio entre
Buenos Aires y el adentrismo.
La sugerencia del paisaje en
la letra de tango (Enrique J. Setti), original
y reconciliadora; la astronomía en esa
letrística (Luis Jaime), otra curiosa aproximación
escasamente notada; las grabaciones de orquestas
y cantantes (Jorge Mario Grandi), con tablas y
estadísticas de útil consulta; y
el uso de la glosa (Hugo Altamiranda), otro ingrediente
escasamente valorado, constituyen, en conjunto,
una fuente de lectura obligada.
El auge del tango, en sus diversos
estratos y modalidades, asediado por diletantes
y estudiosos, hace más apreciable aún
la difusión de este colectivo, publicado
por la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad Nacional de Tucumán.
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