Luis Ordaz

 

Por la Académica de Número doña Susana Freire

Pocas personas podrían haber escrito un libro como "Personalidades, personajes y temas del teatro argentino". Sólo alguien que dedicó su vida a desentrañar e investigar en el pasado del teatro argentino como Luis Ordaz, dramaturgo, investigador, docente e historiador. Porque no se trata solamente de sus conocimientos, que volcó sabiamente en sus obras, sino de todo lo que él atesoraba en su mente y en su corazón en materia teatral: sus experiencias, sus vivencias, y otros trabajos que nunca quedaron registrados en sus publicaciones. Y éste es el gran mérito de este libro, reproducir en un texto lo que naturalmente exponía en alguna lúcida y amena conversación entre amigos, reuniones que pasaron a ser codiciadas.

Como era su estilo, aunque le demandaba doble esfuerzo, no estaba ausente de su mirada la realidad socio-económica-política nacional que dio origen a varios estilos teatrales. Así, el lector puede comenzar con la situación que marcó el origen de la Gran Aldea, que se inició en 1536 cuando don Pedro de Mendoza llegó a las costas del Río de la Plata para fundar Santa María del Buen Aire.

De esta manera, inigualable, el teatro va de la mano de la historia para ilustrar cada momento de la producción escénica, sin planteos ideológicos, con la objetividad fundamentada en la necesidad de ajustarse con el máximo rigor a la narración de los acontecimientos. Por este motivo, Ordaz no omitió el registro de fragmentos de obras para ilustrar sus fundamentos.

A través de dos tomos editados por el Instituto Nacional del Teatro, se inicia un atrapante recorrido por el teatro argentino con un lenguaje que evita los tecnicismos y los metalenguajes para seducir a cualquier lector que quiera embarcarse en este viaje iniciático hacia un mundo de realidades que hicieron y hacen al patrimonio cultural. Es una forma de entender nuestro teatro, el que tenemos hoy en día y que sobrevive por la valiosa simiente que fue enriquecida por todas y cada una de las generaciones de teatristas que siguen nutriendo, como Ordaz lo hace, la savia del teatro nacional.