Carmecita Calderón

  Por el Académico Decano, don Luis Alposta

El pasado lunes 31 de octubre falleció Carmencita Calderón, la primera mujer con nombre y apellido entre las bailarinas de tango. La que festejó, bailando, su cumpleaños número cien. La entrañable amiga. La que seguía siendo la misma muchacha, menuda y ágil, de mirada triste y sonrisa fácil, a la que su hermano Eduardo, entre mate y vitrola le enseñara una tarde los primeros pasos.

La que al procedimiento criollo aconsejado por Juan Filloy para alcanzar la longevidad: comer la mitad, caminar el doble y reír el triple, le agregó bailar el cuádruple. Su primer compañero de baile fue José Giambuzzi, más conocido como el Tarila, en el primitivo club Sin Rumbo, de Villa Urquiza, barrio de sus amores; el último fue Juancito Averna, un bailarín apasionado y un maestro en el arte "de llevar", que se lucía haciendo lucir a su compañera.

Pero, indudablemente, su entrada en la historia del tango fue bailando con el Cachafaz, algo que ya pertenece a una suerte de leyenda.

Después de la muerte del Cacha, ocurrida el 7 de febrero de 1942, Carmencita siguió ofreciéndonos su arte y su creatividad bailando con casi todos los grandes bailarines que en el tango han sido.

Haberla visto bailar en el "Mare d'argento", en el viejo y chanfleado "Filicudi", en "El Abrojito", en el Teatro Colón , y en tantos otros lugares, siempre nos ha producido un goce estético.

Los que la conocíamos, sabíamos muy bien de su auténtica pasión por el baile, al que consagró toda su vida, respondiendo a una vocación que se manifestó en su juventud, y a la que siempre le fue fiel.

En ese juego de afecto y admiración integrados, todos los que la hemos visto bailar le debemos emociones e imágenes inolvidables.

Carmencita Calderón, estará siempre en nuestro recuerdo.