Un libro nonagenario

 

Por el Académico Emérito don Luis Ricardo Furlan

En 1916 -hace 90 años-, Felipe (¿H.?) Fernández (Yacaré) publicó sus Versos rantifusos. El libro está considerado como fundacional en la poética lunfardesca. En el prólogo, el autor quiere "dejar cosntancia" que el armonioso idioma cervantino se halla, desde hace rato, absolutamente enemistado con mi 'chamuyo lunfardo (…). El lema [de la RAE] 'limpia, fija y da esplendor', que se nos antoja anticuario, lo sustituimos por 'lampa, faja y da calor', vivo reflejo de un ambiente 'ranoide'".

Esa estética yacareana se caracteriza por una constante temática: el conventillo y sus inquilinos. Puede afirmarse que se trata en realidad de un asunto único reflejado en un vasto espectro social y humano. San Telmo, de antigua tradición histórica, fue el barrio donde el poeta vivió infancia, adolescencia y prematura madurez. En ese medio Yacaré espigó costumbres y estampas que vertió en composiciones nobles y veraces. Son imágenes nítidas, acabadas, plasmadas con rara exactitud y economía verbal definiendo atributos y rasgos cotidianos.

Quien cita a D'Annunzio, Ghiraldo o Nervo, sin olvidar el eterno Darío y el evangélico Almafuerte, y canta "al rantifuso conventillo" no disimula su profundo dominio de la preceptiva. Yacaré utiliza amplia variedad métrica y estrófica, aunque se inclina hacia el soneto en decasilábico, del que es su mayor difusor en el período precursor de la lírica lunfardesca. Si bien fue un poeta nato del arrabal, poseyó cierta cultura autodidacta con la que aspiró a alternar con los escritores de su época. Es probable que el vocabulario de Yacaré, en la opinión de algunos investigadores, exceda el nivel medio popular del ámbito que describe. La riqueza de expresiones lunfardas, tanto como su cantidad, hace difícil el dominio y el uso corriente en sectores sociales de escasa instrucción. El idioma, como otras disciplinas, se enriquece mediante la frecuentación literaria, la que, en el caso del lunfardo, era insuficiente para entonces. Muchos poemas de Yacaré son auténticos repositorios de sinonimia, revelando que el poeta conocía el argot algo más que para escribir versos.

Yacaré acude siempre que le es posible, a la nota humana, sentida. Es un sensitivo, y razona espontáneamente. No se le exijan cánticos ni odas. El suyo es un verso intimista, aunque parezca extrovertido, porque propicia el acercamiento del hombre al prójimo, en la integración de estampas que son espiritualmente esperanzadas. El amor, la amistad y el dolor —siempre en versos tiernos, cordiales o ligeramente afectivos—, constituye los elementos recurrentes de su arte poético.